Buda explotó por verguenza

Martes 22 de Marzo, 19 hs. Sala Cognigni Cabildo Histórico de Córdoba. ProYecta siempre libre…siempre gratuito!!!!!

Buda explotó por vergüenza (en persa Buda az sharm foru rikht, traducido al inglés Buddha Collapsed Out of Shame) es el título de una película dramática de coproducción francoiraní dirigida por Hana Makhmalbaf en 2007. Relata la historia de una niña afgana que lucha por ir a la escuela y recibir una educación. Se estrenó en España el 29 de febrero de 2008 y compitió en el Festival Internacional de Cine de Toronto y en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 2007 donde consiguió el Premio Especial del Jurado y el Premio Otra Mirada.

En la zona cercana a los recientemente destruidos Budas de Bāmiyān viven miles de familias. En un entorno violento marcado por el régimen de los talibanes de Afganistán, Baktay, una niña de seis años, se propone ir a la escuela como su vecino y aprender así el alfabeto. En su camino a la escuela sufrirá el acoso de otros niños, que pretenden derribarla y lapidarla como sus mayores hicieron con las gigantescas estatuas de Buda.

“Afganistán es un país extraño. En un periodo de 25 años, ha tenido varios gobernantes; los rusos comunistas, Al-Qaeda, el grupo islámico extremista talibán y los cristianos occidentales o laicos. Cada gobernante ha contribuido a la destrucción de Afganistán con el objetivo de salvar al país de la hegemonía del contrario. Las destrucciones actuales sufridas en Afganistán no sólo se limitan a ciudades y hogares”

Hana Makhmalbaf

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Entrevista con Hana Makhmalbaf

P: ¿Dónde se desarrolla la película?
R: La mayor parte del largometraje ha sido rodado en Bamian, en Afganistán, bajo los restos de las estatuas de Buda que fueron destruidas por los Talibán en 2001.

P: ¿Cómo seleccionó a los actores?
R: Visité muchas escuelas en Bamian y sus alrededores, vi a miles de niños y realicé pruebas a cientos de ellos hasta que encontré a los que me parecieron más adecuados para mi historia.

P: ¿Cómo fue dirigir a los niños?
R: Duro, pero satisfactorio. Duro porque no estaban familiarizados con el cine. Nadie había rodado antes una película en su ciudad, nunca habían tenido un canal de televisión local que les permitiera acostumbrarse a ver su propia imagen en la pantalla. No obstante, fue tremendamente satisfactorio trabajar con todos estos niños, tan llenos de energía, ver sus preciosas caritas inocentes. Al dirigirlos, intenté adoptar un enfoque diferente, hacer que todo pareciera un juego. Y dicho ambiente puede verse reflejado en el largometraje. Si esta película tiene un significado, éste se encuentra detrás de los juegos de estos niños.

P: Al ver ahora la película, ¿cree que ha conseguido transmitir lo que quería?
R: Intenté reflejar los efectos de años de violencia en a través de la imagen del Afganistán actual, para que los adultos puedan darse cuenta del modo en que su comportamiento afecta a las generaciones más jóvenes. Los niños son los adultos del mañana. Si se acostumbran a la violencia, el futuro del mundo correrá un gran peligro. Un chico adolescente dice en la película: “Cuando sea mayor, te mataré”, porque de niño ha vivido en un ambiente muy violento: la violencia ha pasado a formar parte de su vida diaria. Creo que la verdadera escuela de los niños es observar y copiar el comportamiento de sus padres y los demás adultos que los rodean. Por ejemplo, hace algunos años en Bamian se produjo una terrible masacre en la que muchos hombres y chicos jóvenes fueron decapitados justo delante de sus esposas y madres. Lo irónico es que incluso aquellos que llegan para rescatar a Afganistán primero lo destruyen y luego no tienen tiempo para reconstruirlo. Después llega el siguiente ‘grupo de rescate’ y se vuelve a repetir el mismo ciclo de destrucción y violencia, una y otra vez. Primero fueron los rusos, luego los Talibán, y ahora los americanos. Comunistas, musulmanes y ateos / cristianos, pero todos con una cosa en común: la violencia. Y esta violencia ha sido inyectada una y otra vez por parte de tres grupos diferentes en la cultura de la gente de este país, hasta tal punto que es posible verla en los juegos de sus hijos. A diferencia de sus homólogos en América, que aprenden la violencia de las películas de acción hollywoodienses, los niños en Afganistán la han aprendido al presenciar las atrocidades sufridas por sus familiares. Han sido testigos de cómo sus padres eran decapitados en sus propios jardines.

P: El largometraje se titula BUDDHA COLLAPSED OUT OF SHAME (Buda explotó por vergüenza) pero ¿no fueron los Talibán los que realmente destruyeron las estatuas de Buda?
R: Sí, puede que sí. Dicha destrucción también aparece al principio y al final de la película. Pero el origen del título está en una frase de mi padre, Mohsen Makhmalbaf, que quiere decir que hasta una estatua puede avergonzarse de presenciar tanta violencia y tragedias sufridas por personas inocentes, y explotar por ello. El título me pareció adecuado no sólo por este significado metafórico, sino también porque la mayor parte de la historia tiene lugar frente al vacío dejado por las estatuas de Buda.

P: ¿Tenía ya toda la historia en la cabeza antes de comenzar el rodaje, o la fue desarrollando a lo largo de la filmación?
R: Al principio tenía una idea bastante poética sobre el largo recorrido de un día de una niña de 6 años incitada –o más bien provocada– por el hijo de los vecinos para acudir a la escuela. Como no tiene cuadernos, vende los huevos de su gallina para comprarlos, pero el dinero que consigue no es suficiente para comprar un lápiz, así que toma en su lugar el lápiz de labios de su madre y sale hacia la escuela. Desconocedora de los pasos que uno debe seguir para matricularse como alumno, va visitando todas las escuelas que va encontrando por el camino, pero es rechazada. Cuando terminó la primera parte del rodaje, durante los trabajos de edición me pareció que los personajes estaban de algún modo incompletos. Así que acudí a mi madre, la guionista, y comenzamos a trabajar de nuevo en el argumento. De hecho, la historia de un día que vemos en la película fue rodada a lo largo de tres estaciones diferentes: primavera, verano y otoño.

P: ¿Cómo se desarrollaron los personajes de la película?
R: En parte durante la creación del guión y en parte durante el rodaje. En cuanto comenzó la filmación, vi y aprendí cosas nuevas sobre el tema que quería tratar. Presté especial atención a los niños que jugaban a nuestro alrededor y decidí incorporar algunos de sus juegos y parte de esta nueva información a mi historia. Por ejemplo, conocí a un hombre que fue comunista durante la invasión rusa, pasó a ser un Mullah durante el periodo talibán, y ahora trabajaba con los americanos. Durante dos décadas había mantenido un estrecho contacto con quienquiera que estuviera en el poder. En la película, su papel lo interpreta el chico que “mata” sin parar, cada vez bajo un nombre diferente y representando a grupos distintos. Otro ejemplo es el niño que sigue estudiando el alfabeto independientemente de lo que le ocurra. Incluso continúa estudiándolo estando bajo tortura, aunque parece que nunca va a conseguir aprenderlo. ¡Un esfuerzo interminable sin signo alguno de progreso! Sin embargo, sus sobrecogedoras experiencias ocultan un profundo significado. A diferencia del otro hombre, él nunca ha estado en el poder o cerca de aquellos que lo están; al contrario, ha sido objeto de abusos y sometido por dicho poder. Esto es lo que ocurre en muchos países de todo el mundo. Hay personas que son sometidas a abusos, torturas o masacres constantes, pero que no se rinden ni obtienen ningún éxito.

El chico aprende que a veces en la vida es necesario morir para poder seguir adelante. No es una experiencia habitual. Lo último que le dice a la niña es: “Muere y te dejarán en paz”. La niña acepta morir en su juego para escapar del círculo vicioso de violencia en el que están atrapados.

P: ¿Hay algún héroe en el largometraje?
R: No hay ningún héroe en la película. Ni siquiera la niña, ya que no consigue su objetivo. Incluso acepta morir de forma temporal, explotar como la estatua de Buda, cuando así se lo exigen los niños hacia el final de la película. No tiene elección. Durante el largometraje, recorre una larga distancia pasando por distintas escuelas con el objetivo de aprender un chiste. Nadie le enseña el chiste que ella busca, pero aprende muchas otras cosas durante su recorrido. En mi opinión, no sólo no hay ningún héroe en esta película, sino que además describir e intentar simplificar los personajes que representan a personas extraídas de la vida real es muy difícil. Cada uno de los personajes representa diferentes capas de la vida. También depende del modo en que se analice la cinta. Por ejemplo, cuando los niños están “interpretando” en serio a sus padres en las batallas, las niñas también se dedican a actuar como sus madres; poniéndose maquillaje. Como vemos, todo esto ocurre en un país en el que la imaginación les permite fabricar armas con pequeños palos, invadir escuelas armados únicamente con un lápiz de labios, y bombardear una ciudad con un juguete tan sencillo como una cometa.

P: Hablemos acerca de sus dos últimos largometrajes y de su experiencia en el mundo del cine hasta la fecha.
R: Mi segunda experiencia fue JOY OF MADNESS, un documental entre bastidores acerca de la película de mi hermana Samira AT FIVE IN THE AFTERNOON, que grabé digitalmente sin ningún equipo de rodaje. En un primer momento, la idea era documentar los problemas a los que Samira tuvo que enfrentarse durante el rodaje en Afganistán, pero la película final resultó ser sobre la situación de las mujeres en Kabul tras la invasión americana. Mi primera película, THE DAY MY AUNT WAS ILL, fue un corto, hecho en casa con una sencilla videocámara cuando tenía ocho años. Así que existe un lapso de nueve años entre este primer corto y mi primer largometraje. Durante esos nueve años estuve constantemente trabajando en películas, como encargada de la fotografía, ayudante de dirección, y todo eso.

P: ¿Por qué Afganistán y no Irán?
R: Quería rodar una película que me interesara, donde pudiera obtener los permisos para hacerla. Tengo muchas historias que se desarrollan en Irán y espero hacerlas algún día, cuando pueda obtener la autorización. Ahora estamos en un momento complicado.

P: ¿Cómo ve el futuro de Afganistán?
R: Los Talibán se han ido pero su impacto sobre esta cultura todavía permanece. La guerra constante en Afganistán ha destruido la cultura mucho más que el país. La violencia que ha asolado las almas de los niños puede surgir como un nuevo complejo en el futuro. Ahmad Shah Massoud solía decir: “Un buen político no es el que analiza bien el futuro. Es el que comprende el presente”. Cuando estoy allí, siento que el mundo ni siquiera comprende los problemas actuales del país. ¿Cómo puede pretender predecir y construir el futuro de Afganistán?

P: ¿Por qué hace películas? ¿Es porque procede de una familia de realizadores o porque tiene algo que decir que sólo puede expresar a través de este medio?
R: Como una chica de 18 años que vive en el Irán contemporáneo y se enfrenta a unas presiones ideológicas, políticas y sociales muy particulares, tengo mucho que decir. Suelo escribir la mayor parte de mis ideas para el cine en forma de historias cortas, para mí misma. Aunque hacerlo no disminuye el dolor de aquellos con los que simpatizo, al menos sí suaviza mis propias presiones psicológicas. Aunque no haya sido rodada en Irán, BUDDHA COLLAPSED OUT OF SHAME (Buda explotó por vergüenza) transmite lo que tengo que decir acerca del sufrimiento colectivo existente tanto en Irán como en Afganistán. Ambas sociedades poseen unos problemas culturales / políticos similares.

P: ¿Cuándo comenzó a interesarse por el cine?
R: Cuando tenía ocho años. Antes de eso, quería ser pintora y me hice amiga de una gran pintora iraní. Al ver su soledad durante los largos días de trabajo, me di cuenta de que me encantaba pintar pero no la soledad que ello implicaba. El cine era algo más dinámico. Cuando mi padre estaba trabajando, quedaba totalmente hechizada por las olas de energía que surgían en torno a sus películas. Me emocionaba sólo con escuchar “¡Sonido, cámara, acción!”: estas tres sencillas palabras ejercían un extraño poder sobre mí. Por eso dejé la escuela primaria tras el segundo curso a la edad de ocho años, sólo unos meses después de que Samira abandonara la enseñanza secundaria. Continué estudiando en las clases de mi padre junto a ella, trabajé en proyectos cinematográficos familiares como fotógrafa, asistente de rodaje y de dirección y realicé documentales entre bastidores.

P: ¿Su padre la apoyó cuando dejó la escuela?
R: Como mi padre no creía en el sistema educativo en Irán que enseñaba ideología más que conocimientos, me dijo: “Si estás preparada para estudiar más cosas, bienvenida a nuestra escuela”. Y mi trabajo pasó a ser más duro desde ese momento, ya que en la escuela de mi padre aprendía a hacer cine y fuera tenía que estudiar los temas que mis compañeras estaban estudiando en el colegio.

P: ¿Qué clase de problemas ocasiona esta forma de estudiar?
R: Sobre todo, celos entre mis compañeras. Cuando vieron que yo leía libros en un mes que ellas tardaban un año en leer, que hacía exámenes y que perseguía mis propios intereses, sintieron celos de mí. En un momento, pasados unos años, echaba de menos la escuela convencional, así que volví durante dos semanas, pero el trato amenazador dispensado por los profesores a los alumnos, el método educativo clásico y el trasfondo político-ideológico de todas las materias volvieron a decepcionarme. Un día, al mirarme en el espejo, me sentí como una mujer mayor y volví a escapar de la escuela.

P: ¿Cree que el cine es un trabajo duro o le parece sencillo?
R: Según he ido avanzando, la dificultad de este trabajo se ha vuelto más patente. De niña, solía escuchar la palabra censura, pero ahora la estoy experimentando. Este último guión permaneció en el ministerio de cultura iraní durante meses, pero nunca obtuvo la autorización necesaria. Hoy en día, el cine prácticamente nos ha exiliado. Mi padre se ve forzado a vivir como un nómada para lograr escapar de la censura. Mi último largometraje fue rodado en Afganistán y editado en Tayikistán, mientras que el trabajo de laboratorio se llevó a cabo en Alemania.

P: ¿Qué opina de Samira? ¿En qué se diferencia de usted?
R: Yo la veo desde el exterior y a mí desde el interior. Pero es una pionera. No sólo para mí sino para muchos de sus compañeros. Y no sólo en Irán además. Ella ha aportado a las nuevas generaciones, y en especial a las mujeres, una gran confianza en sí mismas. Por un lado, está loca y hace sus películas con su locura. Y por eso es por lo que opina que el ex-presidente de Irán fracasó, porque no estaba lo suficientemente loco. Samira cree que los locos son los que hacen avanzar la historia y los cuerdos la controlan. Yo no estoy tan loca como ella, pero yo fui la primera en hacer películas cuando tenía ocho años. Mi largometraje se mostró en el Festival de Locarno. Samira empezó más tarde que yo. Pero estas comparaciones no sirven de nada. Quizá las dos algún día dejemos el cine y vivamos como los demás. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que un realizador no es alguien que sabe cómo hacer películas, sino más bien alguien que no sabe cómo vivir como los demás.

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